Mientras mi país se hunde lentamente en un hoyo negro que pareciera empezar a consumirnos a todos y a desaparecernos en su implacable oscuridad, trato de pensar en positivo con la esperanza de que mi espíritu alegre me rescate de tanta locura.

Mi cuerpo y mi mente se enfrascan en una lucha interna entre mi realidad y la vida que quiero para mí y los míos; cierro los ojos y me encuentro navegando en un sinfín de recuerdos que me transportan de un lugar a otro, pasando por todos aquellos espacios que alguna vez me vieron pasar y me llenaron con su energía.

Sumida en mi sueño, abro los ojos y me encuentro caminando por las calles de Nueva York. Siento la libertad recorriendo mi cuerpo; se escurre entre mis dedos para luego ir a producir el mismo efecto en alguien más. De repente me encuentro en una calle franqueada por altos edificios que me arropan y me siento segura; siento que el espacio contenido me brinda una sensación de paz, esa que llevo meses persiguiendo ansiosamente en una búsqueda frustrada debido a tanta incertidumbre presente en mi vida. Camino un poco más, y un pequeño espacio abierto aparece frente a mis ojos; un hermoso brillo me enceguece por un instante. Poco a poco empieza a desaparecer el exceso de luz y mis ojos se deleitan con la libertad del espacio que, aún contenido entre edificios, parece escaparse por segundos para colmar a este lugar de una deliciosa sensación de grandeza.

Me detengo unos minutos a apreciar de este regalo e intento absorber toda la libertad del lugar con cada fibra de mi ser. Quiero llenarme de ella; quiero traerla de vuelta conmigo a mi país que tanto la necesita.

Oscuridad… vuelve a mi mente avasallando rápidamente todo vestigio de luz que había logrado conseguir… Abro los ojos y me encuentro de nuevo en el mismo espacio del que quería escapar. Pero algo ha cambiado… Mi percepción acerca de él es distinta. Ahora soy capaz de apreciarlo por lo que realmente es y no por como mis emociones me hacen percibirlo.

Dirijo mi mirada hacia la derecha y me encuentro con un frondoso árbol; miro hacia arriba y descubro que un vasto cielo azul me protege de lo desconocido. Nada nos separa; ni siquiera una delicada nube se interpone entre nosotros; esta enorme manta brillante y colorida se trepa sobre mí resaltando las orgánicas formas de la vegetación y las incorruptibles líneas rectas de los edificios. Escucho a unos pájaros pasar sobre mi cabeza y una delicada brisa hace volar mi cabello nublándome la vista por unos segundos.

Respiro y todo empieza a cobrar sentido. Despierto a mi realidad. Debo estar aquí; hay un propósito mayor dirigiendo las vidas de los que aquí aún quedamos.

No me puedo rendir. Mi energía debe recobrar su brillo, su color y su fuerza. Debo recuperar mi sonrisa, esa que quedó escondida detrás de una puerta en algún triste y oscuro lugar.

Cierro los ojos una vez más; respiro profundamente y los abro de nuevo. ¡Ha vuelto! Mi sonrisa perdida ha regresado; y con ella mi energía. Siento como poco a poco recupero las fuerzas y empiezo a creer de nuevo, a tener fe de nuevo. Todo va a estar bien. Hay un futuro brillante frente a mí, esperándome, ansioso por mi llegada.

Voy hacia él, hacia ese lugar ideal en el que mis diseños son mucho más que simples esculturas contenidas entre rejas. Ese lugar en el que el perfil urbano puede ser apreciado en su totalidad mientras caminamos por cualquier calle. Ese lugar en el que un arquitecto puede ser un visionario sin limitaciones más allá de las impuestas por el cliente o el urbanismo; en donde el entorno le suma al proyecto en lugar de restarle; en donde la vida fluye a través de los edificios sin toparse con frías cerraduras.

Sé que ese lugar está cerca; lo siento muy dentro de mí, y también sé que soy una pieza importante en este proceso de cambio; es por eso que sigo aquí.

No volveré a cerrar los ojos ante mi realidad y la de mi entorno; no me dejaré llevar por la corriente. A partir de hoy, mi vida y la forma como la viva serán elementos vitales para un cambio mayor. Porque como diría Mandela: “Para ser libres no sólo debemos deshacernos de las cadenas, sino vivir de una manera que respete y potencie la libertad de los demás…”