http://goo.gl/zb14iCuando pienso en el tiempo y sus ramificaciones me sorprendo observando pedazos de recuerdos que se hilan entre sí y, como quien enlaza retazos de tela para crear un quilt, empiezo a entretejer historias que van armando toda una vida.

Cada recuerdo me lleva a otro recuerdo; cada historia, cada personaje, desata un caudal de emociones, sensaciones y deseos perdidos en el tiempo que buscan encontrar nuevamente su rumbo, su cauce, su esperanza de volver a ser.

En ocasiones, esos recuerdos están mejor ocultos, escondidos en algún recóndito y alejado lugar, porque su repentina aparición a destiempo puede alterar el orden natural de las cosas produciendo consecuencias inesperadas. Pero muchas veces, el reencontrarse con los recuerdos, con el tiempo pasado, nos ayuda a entender el tiempo presente e incluso planificar mejor el futuro.

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http://goo.gl/8E4Y4En las ciudades, cada creación arquitectónica de nuestros antecesores tiene al menos un pequeño papel en la gran obra de las ciudades actuales; cada gran edificio del pasado se convierte en un granito de arena de todos y cada uno de los edificios de hoy en día. Cada habitación, cada espacio una vez construido es el padre de muchos otros espacios.

La arquitectura es nuestro escenario, nuestro entorno, el fondo perfecto para cada recuerdo. Cuando recorremos una edificación en la que hemos estado anteriormente, nuestros sensores se activan y vienen a nuestra mente un sin fin de  emociones. Cada recuerdo es perfecto porque sucedió en un entorno perfecto para ese evento. De haber sucedido en otro lugar, el recuerdo sería completamente diferente.

Cuando iniciamos un proceso creativo, debemos ser conscientes de qué historia queremos crear en ese lugar, o si, por el contrario, queremos dejar abiertas las opciones para que sus habitantes se apropien de él transformándolo a su gusto como sucede, por ejemplo, en la arquitectura cinética.

Pero en cualquier caso, el proceso debe iniciarse con una visión, con una historia a ser desarrollada por el tiempo que exista esa edificación y debe llegar a ser tan significativa como sea posible para que esa historia pueda llegar a ser más grande que el mismo tiempo.

Nuestra historia es eterna, como es eterna la arquitectura, porque aun cuando nosotros, o los edificios perezcamos, las ramificaciones producto de esa historia seguirán vivas por siempre creando más y más conexiones…