Excusa: Motivo o pretexto para eludir una obligación o disculpar alguna omisión.

Hacer ciudad es mucho más que trazar líneas en direcciones específicas que formen llenos y vacíos. Es mucho más que reunir a un grupo de personas en un entorno planificado y dotarlos de servicios, educación y salud. Hacer ciudad implica vivir, respirar y sentir a través de un espacio determinado; implica adaptarnos a él y llegar a un acuerdo entre ambos de forma tal que tanto el espacio como sus habitantes resulten beneficiados.

Para hacer ciudad debemos empezar por ser honestos con nosotros mismos; asumir nuestros defectos y virtudes, analizar nuestros hábitos y ponerlos al descubierto. Pero por sobre todas las cosas, para hacer ciudad debemos borrar de nuestra mente las excusas. Cada país tiene las suyas: el clima, la sobrepoblación, la política… excusas, excusas, EXCUSAS. Y Venezuela no es la excepción; nuestro pretexto es la inseguridad. Y se ha convertido en la justificación perfecta para que nadie haga nada… literalmente. Miles de personas deciden día tras día y cada vez más, quedarse en sus casas para no ser víctimas del hampa. Reducen una a una las actividades que realizan diariamente, volviéndose cada vez más sedentarios; encogiéndose como personas y dañando su salud por la falta de actividad física.

Y por supuesto, si la gente que vive las ciudades no hace nada, pues entonces no tiene sentido que los especialistas hagan algo/nada en términos de urbanismo: ¿Para qué esforzarnos si la gente no va a salir a la calle? ¿Para qué construir si otros lo van a destruir?

El país pareciera estar detenido a la espera del tan aclamado cambio. Acumulamos razones para no hacer nada y, mientras tanto, todos vivimos las consecuencias de tanta inactividad.

.

Pero la ausencia del concepto de hacer ciudad no ocurre sólo en Venezuela. En muchísimos países del mundo, las ciudades siguen creciendo como simples agrupaciones de personas al azar, sin orden, control o intención alguna. Seguimos orientándonos hacia todo aquello que simplifique nuestras vidas y, en el camino, vamos dejando a un lado todo aquello que nos hace bien, que nos alegra la vida y nos hace mejores personas.

Caminar, bailar, andar bicicleta, compartir intereses comunes sin una pantalla de por medio… todos van quedando atrás como los recuerdos de generaciones pasadas.

Y cada día que escogemos aislarnos en lugar de hacer algo al respecto, nos estamos perdiendo un sinfín de sensaciones; sonidos, texturas, brillos, aromas…

.

Debemos iniciar un cambio; necesitamos empezar a hacer ciudad. Pero no todas las culturas funcionan igual, por lo tanto no siempre las reglas aplican de la misma forma en todas ellas. Es por eso que es tan importante que el hacer ciudad no sólo se oriente a sentarse frente a una computadora y, una vez más, volvernos inactivos. Debemos dar un vuelco al proceso; pensemos en la creación a través de la actividad física. Salgamos a la calle a analizar lo que sucede afuera y mejoremos lo que ya existe; no vale de nada decir no funciona y desecharlo, o taparlo con florecitas y unos cuantos avisos publicitarios. El cambio debe partir de las necesidades de la gente, de sus rutinas diarias, de sus actividades y deseos.

Si algo deberíamos haber aprendido ya es que el futuro no puede tratarse únicamente de máquinas voladoras y mensajes telepáticos. Nuestro planeta nos está pidiendo a gritos un regreso a los orígenes, a lo básico; eso no quiere decir que vamos a retroceder en el tiempo y a borrar siglos de evolución y avance; lo que significa es que, gracias a todos esos años y al conocimiento que hemos acumulado durante ese tiempo, tenemos mayores y mejores capacidades para hacer de lo básico algo mejor, más integral, más efectivo.

Si simplemente pensamos en el destino y no en el camino, que es básicamente lo que hacemos cuando creamos escondidos detrás de una computadora, nos perderemos las sorpresas y experiencias que están allí esperándonos.

Pero cada ciudad debe encontrar su propio camino; y cada uno de nosotros debe empezar por un pequeño cambio: el de dejar a un lado las excusas y empezar a avanzar hacia ese lugar de convergencia entre la sencillez del pasado y el conocimiento del futuro.

.

.

.

Todas las imágenes pertenecen a la excelente artista / arquitecto Cristina Bergoglio.