Muchos de nosotros, humanos, mortales, vivimos nuestras vidas con una eterna fantasía en mente. Sí, es cierto, la vida es más bonita en nuestros sueños, pero ¿de qué nos sirve soñar con el lugar o la vida perfecta si no somos capaces de disfrutar la vida que tenemos?

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Lo mismo nos ocurre a los arquitectos con el diseño. Nos esforzamos, intentamos una y otra vez, siempre luchando por crear ese espacio ideal en el que todo funciona en perfecta armonía, pero basta que introduzcamos al factor humano en la ecuación para que empiecen a aparecer las fallas.

Los arquitectos nos dedicamos a soñar con diseñar el lugar perfecto, el espacio perfecto, la casa perfecta. Pero los seres humanos somos seres imperfectos. Entonces, ¿no sería más lógico empezar por asumir esas imperfecciones, esa realidad, y diseñar en función de ella?

Analicemos lo que ocurre con el minimalismo en el campo de los proyectos residenciales: depuramos, vaciamos los espacios en búsqueda de la limpieza espacial, que no es más que esa búsqueda de perfección. Imaginemos una casa minimalista: vacía, ordenada, impecable… ¡perfecta! Ahora incluyamos en nuestra casa imaginaria a un ser humano; uno que, como todos, come, duerme, se baña, ensucia… ya no es tan perfecta la casa, ¿cierto?

Ahora realicemos el proceso inverso: Imaginemos a un ser humano que come, duerme, se baña, ensucia… Sigamos sus pasos mientras realiza todas sus actividades cotidianas. Acompañémoslo durante su día a día. Analicemos sus costumbres, sus hábitos. Descubramos sus imperfecciones…

Pensemos entonces en cómo disminuir esas imperfecciones, o mejor aún, cómo hacer que sus imperfecciones sean un poco menos evidentes, más vivibles; pensemos en cómo hacerlo sentir al menos un poco menos imperfecto.

¡Esa es la casa ideal¡ Una casa que se adapta a sus habitantes como si fuese un guante; una capaz de moldearse, de adaptarse en función de las necesidades que quienes la viven día tras día. Una que les permita no tener que pensar, con cada paso que dé, en sus defectos y en cómo corregirlos; una que les permita simplemente relajarse y ser. Quizás para muchos, no sea la casa perfecta, pero definitivamente, para quienes hacen de ella su refugio, esa es la casa ideal.