Cuando somos estudiantes, cada día es un reto, cada experiencia una provocación. Cada nueva materia que debemos cursar se convierte en una nueva angustia, un nuevo plazo de entrega, un nuevo trasnocho.

Vivimos los minutos a la velocidad de la luz y los segundos parecen interminables…

Lo que en esa época a veces no somos capaces de entender es que, justo allí, en ese período de tiempo que creemos angustiante, tenemos la oportunidad de absorber una inigualable cantidad de información. El problema está en que, debido a nuestro apuro por superar los momentos tan rápido como nos sea posible, pasamos por encima de muchas experiencias enriquecedoras, y no siempre apreciamos lo hermoso de cada uno de los procesos que vivimos.

Durante nuestros años de estudios, no sólo tenemos a nuestra disposición la noticias sobre lo que sucede en torno a nuestra profesión de la boca de expertos en el área capaces de analizar e interpretar cada hecho con la mejor de las elocuencias, sino que también tenemos la posibilidad de conocer personas interesantísimas, y no me refiero únicamente a los profesores; muchos de nuestros compañeros, esos a los que a veces restamos importancia, pueden llegar a convertirse en nuestros mejores maestros; al menos en mi caso puedo decir que fue así.

Lo que ocurre cuando somos estudiantes es que queremos y creemos que podemos comernos al mundo y pensamos que, mientras más rápido cerremos etapas, más rápido terminaremos el proceso.

Y es así como nos convertimos en nuestros peores enemigos. Al no detenernos, tomar una pausa y simplemente respirar la arquitectura que nos rodea, estamos perdiendo un sinfín de oportunidades que difícilmente volveremos a tener.

¿Cuándo volveremos a tener la suerte de pasar más de 5 años con un grupo de personas con intereses en común, miedos en común, dudas y retos en común? Después de graduarnos la historia cambia y el lema termina siendo: cada uno por su cuenta.

En esa época tenemos la oportunidad de observar diferentes enfoques de un mismo proyecto; tenemos la posibilidad de analizar todos esos enfoques y entender, a través del trabajo de otros, los pros y contras de cada una de nuestras decisiones de diseño.

Entonces, sólo entendiendo que debemos caminar en lugar de correr y mirar cada nueva situación que se nos presente desde diferentes y creativas perspectivas, lograremos aprovechar la experiencia al máximo; sólo así lograremos convertir cada palabra en una enseñanza, cada momento en una oportunidad…

Versión en inglés publicada en el blog de @archGraduates http://bit.ly/n66NKa