Desde que estudiaba en la Universidad, recuerdo haber sentido una especie de rechazo por aquellos proyectos que eran presentados con exagerados y fantasiosos renders.

La razón de mi rechazo era simple, yo sentía que la persona presentando el proyecto se escudaba detrás de una imagen llamativa para no tener que dar detalles importantes sobre el diseño realizado. Esa era mi percepción inicial, y probablemente estaba equivocada más de la mitad de las veces, pero era la sensación que este tipo de presentaciones producía en mí.

Siempre me pareció mucho más atractivo ver la presentación de un proyecto que incluía muchos planos y sketches, que una con extrañas e irreales perspectivas.

No me malinterpreten, pienso que el lograr construir una imagen de ese tipo tiene muchísimo valor, algunas de ellas casi pudieran ser consideradas como obras de arte, pero para un arquitecto tratando de dar a conocer un proyecto, una imagen como esta puede llegar a dar una falsa impresión de lo que el proyecto es en realidad. La realidad, la que debería estar siendo representada, puede llegar a desaparecer entre colores contrastantes y exceso de luces o sombras.

Hay montones de firmas de arquitectura que emplean esta herramienta para presentar al mundo sus diseños. MVRDV es una de ellas, y si bien muchos de sus proyectos construidos me parecen bastante interesantes, pienso que sus renders no reflejan lo que realmente son.

Estas imágenes son hermosas, verdaderamente hermosas, pero luego de verlas, de analizarlas, ¿nos dejan una idea de cómo son los espacios?

.

Con los años, mi mente se ha abierto un poco (o mucho) a la tecnología y he empezado a apreciar la importancia de una imagen que ayude a entender las líneas a las que nosotros los arquitectos llamamos planos, sobre todo he entendido lo importante que es para los clientes, quienes no fueron entrenados para leer planos como nosotros.

Pero aún así, las imágenes fantasiosas siguen sin agradarme.

Hay muchos programas que nos permiten reflejar nuestros diseños tal y como los hemos imaginado. El SketchUp, por ejemplo, me parece una excelente opción para hacer entender lo que en nuestra mente está tan claro, sin caer en fantasías. Este programa nos permite mostrar una imagen de nuestro proyecto que bien pudo haber sido dibujada por cualquier persona (claro, cualquier persona que, a diferencia de mi, sepa dibujar bien).

Cuando vemos una imagen creada con este programa, sabemos que lo que estamos viendo es un dibujo, no estamos engañando a nadie haciéndole creer en un espacio que no existe y probablemente no llegue a existir, pero aún así entendemos el proyecto; su volumetría, los colores y materiales a ser empleados, la implantación, y tantos detalles como queramos incluir.

.

El trabajo de un arquitecto va mucho más allá de imaginar y crear. Cuando empezamos a trabajar con un cliente, adquirimos una responsabilidad con él o ella. Es nuestro deber entender lo que quiere y presentarle una propuesta coherente con sus necesidades, pero también es nuestro deber ser honestos con él o ella.

Nos complicamos demasiado tratando de embellecer nuestras palabras, actos y, en el caso de los arquitectos, nuestros diseños, pero a veces, la forma más hermosa y honesta de hacer las cosas es también la más sencilla…