Hace un par de días, Bob Borson (@bobborson) escribió un post en su blog Life of an Architect sobre las raras solicitudes de los clientes que a veces van en contra de nuestros valores o forma de pensar. Este es el tipo de temas que nos hacen ver las cosas en retrospectiva; que nos dejan preguntándonos si estaremos haciendo lo correcto. Así que, como es lógico, después de leerlo, empecé a analizar mi propia experiencia sobre ese tema y recordé que, en más de una oportunidad, me he topado con clientes con extrañas peticiones, aún más extrañas que 500 m2 para 2 personas.

Recuerdo en particular a un cliente al que le diseñé una casa de tres niveles.

Justo después de iniciar la construcción, decidió agregarle un ascensor. Tres niveles implican muchas escaleras si tienes 80 años o alguna enfermedad que no te permita hacer ejercicio, pero para personas sanas y jóvenes como las que vivirían en esa casa, era un poco exagerado.

Él se decidió por un modelo “pequeño” que cubría cuatro pisos. Como su casa tenía “solo” tres niveles, decidió que, para aprovechar las cuatro paradas del ascensor, debía agregarle un nivel más, en el cual colocaría un gimnasio.

Este cuarto piso, no sólo cambiaría las fachadas al punto de convertir una casa en un edificio, sino que, además, no había sido considerado al calcular la estructura.

Pero nada de eso le importaba al cliente. El quería un cuarto piso y lo iba a conseguir, con mi ayuda o sin ella. En ese momento, todo el trabajo de meses pasó por mi cabeza. Si yo no tomaba la decisión de modificar el proyecto y buscar las mejores soluciones dentro del diseño ya realizado, alguien más iba a hacerlo y, probablemente, cambiaría todo el concepto que tantos meses me llevó conseguir.

Finalmente, le hice una propuesta en la que el área del cuarto piso era mucho menor que la del nivel inferior y además estaba relativamente en el centro del espacio, de forma que el perfil urbano no se veía alterado. También se realizó una revisión de la estructura y por suerte, debido a que el área no sería tan grande, no hubo necesidad de reforzarla.

En condiciones normales, nunca habría propuesto un ascensor para una casa de tres pisos, mucho menos habría propuesto la construcción de un cuarto nivel, pero el cliente así lo quería, y si bien parte de mi trabajo es hacerle ver los pros y contras de cualquier situación a ser planteada, mi trabajo también es hacerlo feliz, y conseguir las mejores soluciones a sus requerimientos y/o necesidades.

No siempre nos gusta ir en contra de lo que pensamos pero, a veces, si nos esforzamos por pensar fuera de nuestra cómoda caja, logramos conseguir soluciones mucho mejores de lo que esperábamos.