Revisando mi biblioteca, me topé con un libro que tenía mucho tiempo sin hojear: el tan hermoso “Inventario” de Mario Benedetti. Mientras recorría sus páginas, recordé que este maestro de la poesía fue llamado por muchos el arquitecto de la palabra, entonces, un tema hizo eco en mi mente al punto que no me dejó pensar en nada más: la relación entre la poesía y la arquitectura.

Sí, sé que no soy la primera en escribir sobre tan difuso tema, y probablemente tampoco seré la última; Aristóteles, empleando los conceptos de mimesis (imitación) y poiesis (proceso creativo) abordó este tema hace ya miles de años, pero lo que me sorprendió de todo esto es que, siendo yo una arquitecto enamorada de la poesía, no había pensado en escribir sobre esta relación antes.

Lo primero que aparece en mi memoria es un nombre: Joseph Muntañola y su “Arquitectura y Poética”; él decía que: “La imitación de la acción no es otra acción sino una fábula, la cual da cohesión a los caracteres de los personajes que actúan”… “El arquitecto es el poeta de las formas, porque sabe “construirlas” (“tramarlas”) poéticamente, mediante la encadenación de sus elementos (caracteres) dentro de una misma totalidad, mito o fábula.” Con esto se refería a que al imitar formas no las copiamos sino las fabulamos, o sea, las convertimos en poesía.

Él también se refería a tres términos que eran fácilmente ubicables tanto en la poesía como en la arquitectura: la poética, la retórica y la semiótica, de los que decía: “La poética nos define los términos bajo los cuales se produce el significado estético, la retórica nos ofrece las argumentaciones con las cuales la arquitectura se convierte en verosímil y persuade, la semiótica, por último, nos enseña la estructura de lo construido, o sea, la forma que en las diferentes culturas ha tomado la arquitectura como mimesis entre el construir, el habitar y el pensar.”

Podría empezar a enumerar autores que han tocado este tema, pero empiezo a divagar y mi buscador de internet no deja de brindarme opciones. Entonces siento que mi cabeza está tan llena de ideas ya pensadas por otros, que empieza a quedar poco espacio en ella para las mías propias.

Así, con las palabras retumbando en mi cabeza… poesía… arquitectura… me vuelco hacia mi procesador de textos, tratando de descifrar lo que esa relación significa para mí.

Empiezo por recordar que, muy a pesar de pensadores como Joseph Muntañola, quien era capaz de encontrar múltiples áreas en común entre la poesía y la arquitectura, muchos limitan esta relación al área estética, es decir, se habla de la poética de la edificación para referirse a la estética de ésta.

Para mí, etiquetar a un edificio como poético simplemente porque alguien lo define como bello, es como ver una ciudad entera a través de una lupa. Hay muchos más elementos que pueden diferenciar a una simple construcción de una edificación poética; pero el elemento más importante que una edificación poética debe tener, es un alma, una esencia, que puede detectar y sentir cualquier persona al recorrer un edificio que la posea, y para cuya creación no existe una fórmula o receta.

Una edificación poética es aquella capaz de producir emociones que no creíamos tener dentro de nosotros; capaz de hacernos vibrar mientras recorremos sus pasillos; capaz de enamorarnos de sus espacios como lo haría el amante más apasionado.

Podemos encontrar poética en una pequeña casa a la orillas de un lago o en una gran residencia dentro de la ciudad, en una gran torre de oficinas o en una vieja fábrica abandonada.

Quizás su existencia depende del estado de ánimo en el que estábamos mientras diseñábamos,

quizás del lugar en el que se ubica la edificación,

quizás de ambas cosas y más. El punto es que, si nos quedamos sólo con la imagen de ésta, no seremos capaces de descubrir esa magia que se esconde tras sus paredes.

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Cuando diseñamos, creamos una historia, o al menos el inicio de una historia. A través de nuestro trabajo, de nuestra obra, sentamos las bases para que los futuros habitantes le añadan personajes y trama y se apropien de ella. En la medida en la que nosotros avancemos en esta aventura, más posibilidades de ser poética tendrá nuestra obra.

Todo depende de lo lejos que seamos capaces de llevar nuestra historia…