Por alguna extraña razón, una gran parte de los arquitectos tenemos la tendencia a ser conservadores; a seguir por el camino seguro, y cuando se nos presentan oportunidades innovadoras, solemos buscar ese algo, ese pequeño detalle que lo hace difícil de realizar y de esa forma, nos escapamos, le huimos al reto y no nos atrevemos a arriesgar nuestro cómodo y seguro lugar en el oficio.

No me refiero a que todos diseñamos en base a estándares tradicionales, sino a que seguimos caminos ya tomados por otros. Diseñamos en base a movimientos arquitectónicos aprobados por muchos, llámese modernismo, minimalismo, deconstructivismo, o cualquiera de esos que ya todos tenemos en mente…

…Pero se nos hace difícil aceptar el eterno movimiento de la vida.

Si lo analizamos en frío, no hay nada en el mundo que sea completamente estático. Ya sea un movimiento auto-provocado o generado por agentes externos; pero todo, siempre, está en movimiento.

Pensemos en esto: estamos sentados en el sillón, descansando, inmóviles… NO, no estamos inmóviles; internamente, nuestro incansable organismo está en interminable actividad para mantenernos respirando; además, la tierra está girando, por lo tanto, con respecto al sol, estamos en movimiento.

Luego pensemos en la vida; en los cambios que se han producido en los estilos de vida de los seres humanos, y en cómo la velocidad con la que se producen estos cambios es cada vez mayor.

Ahora, pensemos en la arquitectura; en lo estática que suele ser, y en lo difícil que es para muchos de nosotros los arquitectos aceptar los potenciales cambios.

Pero no siempre es así…

“La arquitectura cinética es un concepto de diseño en la arquitectura moderna que explora la transformación física de un edificio con el objetivo de redefinir las aplicaciones tradicionales en el movimiento a través de la innovación tecnológica. El uso de la robótica, la mecánica y la electrónica están siendo más conocidos como nuevos enfoques en las posibilidades arquitectónicas.” Wikipedia

Analicemos este tipo de arquitectura.

Hace algún tiempo ya que los futuristas / innovadores se atrevieron a ver más allá de lo evidente y decidieron agregar un nuevo ingrediente a la receta ya conocida por los arquitectos. Fue así como el movimiento comenzó a formar parte del diseño y se empezaron a considerar las posibilidades de la arquitectura no-estática.  Ejemplo de esto es Villa Girasole, creada entre 1.929 y 1.935 por el ingeniero  Italiano Angelo Invernizzi.

Quizás este tipo de arquitectura solía ser vista como una rareza; los edificios de este estilo arquitectónico parecían tener aires de grandeza,

… pero con el paso del tiempo, han empezado a ser vistos como algo mucho más importante y con más valor; han empezado a ser apreciados por su capacidad de mejorar el nivel de vida de sus habitantes.

El tema aquí, es que este tipo de arquitectura, al menos hasta ahora, ha sido considerada como arquitectura de élites, debido a los altos costos que genera la inclusión de la robótica, la mecánica y/o la electrónica en la edificación. Es muy fácil decir: “no puedo hacerlo porque no tengo presupuesto”.  Y es aquí en donde los arquitectos encontramos ese detalle que hace a este tipo de arquitectura algo difícil de realizar.

¿Pero y qué tal si vamos más allá? Qué tal si empezamos a decir: “debe haber alguna manera de hacer lo mismo de otra forma, generando así menos costos”.

En ese caso, no estaríamos siendo tan arriesgados, sólo estaríamos dando un paso hacia adelante en un camino ya tomado por otros.

Ejemplos ya construidos nos demuestran las ventajas que este tipo de arquitectura trae en múltiples áreas de la vida humana: diseño verde, ahorro de espacio, y muchas, muchas más. Aquí, no importa si el movimiento ocurre en la más pequeña escala o en la más grande, lo importante es que produzca cambios positivos en alguien o algo, ya sea el habitante, el planeta o ambos.

Al introducir el movimiento como una variable extra en el proyecto y diseñar espacios plegables, espacios reconfigurables a través de la variación, obtenemos múltiples beneficios, ya que literalmente se nos abren posibilidades de ambientes que antes creíamos imposibles: paredes que se convierten en techos, camas que se transforman en paredes, pisos que se desplazan de un lugar a otro, …

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Esta idea ya fue creada; alguien, hace un tiempo atrás se atrevió a mirar más allá de lo común, permitiéndonos utilizar la frase “Arquitectura en movimiento” en dos sentidos distintos: como arquitectura cinética y como la arquitectura que nos mueve hacia el futuro. Todo lo que el resto de nosotros tenemos que hacer es dar un paso hacia adelante en esta dirección que nos permita buscar soluciones en lugar de detalles o complicaciones; eso, claro, hasta que a alguien se le ocurra una mejor idea.