Este es el décimo segundo de una serie de artículos escritos por algunos de mis blogueros favoritos. Para entender un poco más de qué se trata esto, pueden leer este post: http://bit.ly/dCMns5

Este post en particular fue escrito por la dulce Tamara Dalton. Ella es una diseñadora de interiores trabajando en Fort Lauderdale. A través de su práctica de diseño,  ofrece un servicio completo de diseño de interiores además de paquetes de e-decoración y diseño para aquellos que prefieren hacer las cosas ellos mismos. Además del “fabuloso” mundo del diseño, ella suele ser vista jugando con sus hijos, leyendo ciencia ficción, haciendo yoga y danza moderna, y describiendo con emoción la cantidad de cosas que recicla y lo fácil que fue crear su propio compostero. Puedes encontrarla en Twitter como @tammyjdalton y en facebook.

Cuando Ana me pidió que contribuyera a su lindo blog con una entrada acerca de la “armonía”, me sentí honrada y emocionada. He estado dándole vueltas a esta palabra por algunas semanas ya, y he decidido que esta pequeña palabra simple tiene tantos amplios y matizados significados, que es un verdadero desafío definir lo que significa para mí.

La armonía es una palabra muy bonita, pero el idioma Inglés, a veces, no hace justicia al significado de ciertas palabras. La armonía es una de estas palabras. Me encuentro volviendo, una y otra vez, a una de mis palabras favoritas en español para expresar claramente la armonía: Simpático

Simpático me recuerda simpatía, conexión, fácil y agradable, relajado y tranquilo, feliz….. armonioso.

He leído todos los demás posts, y me he dado cuenta de que todo el mundo tiene muchas diferentes maneras de describir la armonía. Diferentes y, sin embargo, de alguna manera también similares. Las referencias a la música, la comida, las relaciones espaciales, la arquitectura, las marcas, las relaciones comerciales, y las historias muy personales de aventuras y acontecimientos de la vida, perfeccionaron esa sensación de simpático de una excelente forma.

Somos criaturas tan viscerales, nosotros los seres humanos. La armonía es algo que nos esforzamos por conseguir con todos nuestros sentidos físicos. Es difícil de definir y describir, pero lo sabemos cuando lo sentimos. Y lo sentimos, a través de nuestros cinco sentidos.

  • Mis ojos ven los colores, patrones, movimiento y quietud, luz y oscuridad, sombras y texturas.
  • Mis oídos escuchan sonidos, música y canto, ritmos, lenguaje, poesía hablada, y silencio.
  • Mi nariz detecta los olores de los alimentos, excitación, peligro, y la lluvia que viene.
  • Mi boca saborea lo delicioso y lo podrido, dulce y agrio, salado y sabroso, caliente y frío, infinita variedad y memoria.
  • Mi cuerpo siente ritmos de movimiento, ritmos del sonido, placer y dolor, calor y frío, la forma de las palabras en el discurso hablado, el espacio que me rodea, la fuerza de gravedad y el intenso deseo de desafiarla, y el espacio dentro del cual la respiración expande y contrae mis pulmones y mi corazón late en mi pecho. 

El cuerpo entero siente a través de la piel, músculos, tendones y huesos, y constantemente tratamos de capturar en pensamientos y palabras, la forma de dar sentido a estas sensaciones que estamos sintiendo. Y todo el tiempo tratamos de obtener la “armonía” a través del orden, la regularidad, el consenso, la congruencia, la previsibilidad y facilidad. Nos sentimos tan seguros allí.

Sin embargo, la armonía es difícil de alcanzar. Tenemos que seguir sin descanso en busca de ella, deseándola, anticipándonos a ella y luego saboreándola en los momentos en que parece, a sabiendas de que es de naturaleza fugaz y que no puede existir sin la discordia.

A través de mi formación como bailarina, he aprendido que las fuerzas de oposición trabajan para producir equilibrio. El impulso y el rebote. Por cada acción hay una reacción igual y opuesta. Tus brazos y piernas oscilan en oposición unos a otros para impulsar tu cuerpo a través del espacio como una máquina suave y coordinada. Y en ese momento, cuando estás suspendido, sin peso y perfecto, las fuerzas de oposición están actuando juntas en concierto, la tensión en su forma más intensa, durante una milésima de segundo de silencio, hasta que la gravedad y el impulso se hace cargo de que ti y te mueves una vez más. Esa es la física clásica en su mejor momento. Pero el sentimiento es cuántico. La sensación que tienes cuando lo vives, ya sea como artista o desde la audiencia, es de armonía. Tan pronto como lo notas, se ha ido, pero los residuos son simpáticos.

La armonía no es más que un momento en el tiempo, fugaz, revoloteando en la distancia, retándonos a tomarlo y mantenerlo con nosotros. Un momento de presencia y probabilidades infinitas, cuando todo es posible y a su vez imposible, sin embargo, todo simplemente funciona, aunque sólo momentáneamente. Alcanzado, pero nunca sostenido, porque si se sostiene, dejaría de existir.