Este es el noveno de una serie de artículos escritos por algunos de mis blogueros favoritos. Para entender un poco más de qué se trata esto, pueden leer este post: http://bit.ly/dCMns5

Este post en particular fue escrito por el amable y creativo Antony DiMase. Antony es un arquitecto de Melbourne con intereses en el diseño, soñar despierto, las artes, la gente, las ideas, la política federal y el medio ambiente. Él piensa que Diseño = Cambio! Puedes encontrar a Antony en Twitter como @Antony_DiMase.

“Empieza con no más que un poco de improvisación pero la melodía se apodera de él. Se instala en la progresión de acordes y siente como empieza a relajarse en la sensación solapada de trastes , la forma en que la melodía se ofrece para la elaboración en cada giro, y cuando él completa el ciclo no puede parar, tiene que hacerlo de nuevo, esta vez con confianza, con un poco más de tapiz. El aire suena, pero él aún no puede parar. Le da paso a un blues en el mismo tono, sólo por hacer un cambio de ritmo. Obtiene un poco de shuffle a pesar suyo, algo que calienta y relaja sus tendones. Las cuerdas son como alambre de cerca. Sin embargo, se inclina y calumnia. Su muñeca se siente arenosa con el desuso, pero se las arregla para producir un vibrato de todos modos. Los tonos de su pequeña guitarra resuenan en su pecho. Música. Y no está lastimando a nadie”. Extracto de “Dirt Music” de Tim Winton.

Recientemente, escuché a Pedro Hooke y su banda tocar canciones de Joy Division en The Palais más o menos 30 años después de que las canciones fueron publicadas por primera vez. La música se sentía como si viniera directamente de los trabajadores de las fábricas de Manchester. Sombría y oscura, mecánica y repetitiva, pero con una capa de ligereza que levanta el espíritu. La música era espacial, compleja, enérgica y fuerte – llenando todos los rincones del gran auditorio. Fue convincente e intrusiva. La música había sido construida en respuesta a algo y en algún lugar. Sin embargo, había una suavidad que intervenía con optimismo sobre el sombrío telón de fondo orquestal. Esto fue especialmente obvio en su canción “The Eternal ” – la conexión con la arquitectura me parece evidente.

Si los lugares inspiran a la música, ¿cómo se refleja esto en la obra misma? Brian Eno contempló esto cuando compuso “Music for Buildings”, a propósito de los edificios modernos como el aeropuerto de Dulles por Saarinen. Cantos aborígenes al país con sus encantamientos largos y profundos, dirigiéndose a los vastos espacios del paisaje australiano. Las catedrales góticas inspiran a subir la voz y llenar los volúmenes alargados – mientras que los roñosos pubs locales generan música que refleja la angustia de la vida urbana. Por el contrario, los centros comerciales se sienten como canciones pop brillantes, limpias y coloridas. Canciones, música, arquitectura y danza son una forma de colocar en el mapa a la cultura y al lugar – es una manera de decir: “Yo estoy aquí y tengo algo que decir”. Cuando esa voz se muestra desafiante, es una forma de ver el mundo bajo una luz diferente.

Como arquitecto, la música me hace considerar los edificios más allá de la funcionalidad y captar la cualidad efímera alusiva a través de arreglos y adornos. La música lo hace tan bien y es un aspecto que veo con mayor claridad en los objetos y espacios bien diseñados. En la arquitectura, la composición de los elementos está dispuesta a provocar una respuesta emocional al lugar. El ritmo, los espacios en el medio, las distancias y la tensión o la armonía entre las partes crean una experiencia a través del sentimiento y el lugar. La calidad de la textura del espacio, la forma de los edificios y el movimiento a través de una secuencia de formas colocadas a lo largo de vías puede ser como caminar a través de una canción. En las manos correctas, la arquitectura, así como la música, puede afianzarse – como Tim Winton escribe – y ahí radica su potencial.