Este es el primero de una serie de artículos escritos por algunos de mis blogueros favoritos. Para entender un poco más de qué se trata esto, pueden leer este post: http://bit.ly/dCMns5

Este post en particular fue escrito por el talentoso Brian Meeks. Puedes seguir el viaje de Brian en el trabajo de la madera (y más) en http://extremelyaverage.com/. También puedes encontrar a Brian en Twitter @ExtremelyAvg.

A veces, Katarina simplemente observaba su entorno. Cuando sentía que su mente no estaba en su trabajo, unos pocos minutos de sentir los sonidos, los olores y el mundo fuera de su ventana, por lo general restablecían su cerebro. Así que ella escuchaba. Fuera de la puerta de su oficina, cerca de un grupo de cubículos, se escuchaba un enfriador de agua gorgoteando. Supuso que era Gary, ya que él solía ir ahí antes de salir, casi todas las noches, cuando estaba un poco deshidratado en el trabajo. Se sentía el delicioso y enloquecedor aroma de las palomitas de maíz procedente de algún lugar. Fuera de la ventana, estaba la bulliciosa ciudad de Lyon, Francia.

Katarina era la hija de una mujer de Caracas y un hombre de Praga. Ella había vivido en los Estados Unidos durante su niñez; luego había ido a la escuela de diseño gráfico en París y había estado allí desde entonces. Durante los últimos 10 años le había ido muy bien en su empresa y, a principios de año, mientras la primavera llenaba a todo el mundo con optimismo, ella había sido promovida y le habían asignado la oficina con vista a Bellecour.

La vida era muy buena y había mejorado aún más el mes pasado. Pero no podía pensar en eso ahora, tenía trabajo que hacer. En realidad, ella casi tenía listo el diseño para una revista que se publicaba en los Estados Unidos. Ella estaba tratando de decidir qué foto debía estar en la última página del artículo, pero su mente seguía a la deriva.

El gorgoteo del enfriador de agua la trajo de vuelta y ella tomó la primera foto. Le gustaba la forma y el color. Era redondeada y parecía estar mirando hacia la parte superior izquierda. Esto encajaría perfectamente con el diseño.

A Katarina le gustaban mucho las flores, pero especialmente disfrutaba el recibirlas en la oficina, frente a sus compañeros de trabajo. Las que estaban en su escritorio empezaban a marchitarse. Su mente estaba a la deriva de nuevo mientras miraba el ramo. Podía oír la voz de Cindy en su cabeza.

“Tú eres demasiado feliz”, dijo Cindy, con una sonrisa medio burlona.

“¡No es cierto!” Pero lo era.

 “Eres es una terrible mentirosa”.

Katrina se rió nerviosamente, lo que no era normal en ella, pero Cindy siempre la hacía reír. “Supongo que lo soy ¿Por qué crees que obtener flores en el trabajo es tan maravilloso?”

“ETPC” fue todo lo que dijo Cindy.

Cindy era una diseñadora, de grandes habilidades, que se preocupaba poco por convencionalismos, promociones, o políticas de oficina. A ella sólo le interesaba su arte. Ella generalmente no se llevaba bien con las otras mujeres de la oficina, por lo que solía pasar el rato con los hombres. Katarina era la única excepción a esto, y se habían convertido en grandes amigas desde que Cindy comenzó tres años antes.

Katarina pensó en “ETPC” por un rato. Cindy era una máquina de escribir mensajes de texto y le encantaba crear sus propios texticismos. Nadie parecía poder entenderlos más que Katarina. “Me doy por vencida, ¿qué quiere decir ETPC?”

“La razón por la que nos encanta recibir flores, no es que yo sepa, se debe a que vuelve locas de celos a las gallinas cacareadoras. ¡En tu puta cara!”

Katarina se rió entre dientes otra vez. Una semana más tarde y eso todavía la hacía reír. Katarina dirigió su atención a las fotos. La siguiente era agradable. Tres flores y el color púrpura siempre era una buena opción, en su opinión. Lamentablemente, no tenía suficiente “Je ne sais quois”. Ella se encogió de hombros y la arrojó a un lado.

Fue algo casual y sin cuidado, el tirar la foto así. Un mes antes la habría dejado a un lado cuidadosamente. El orden y los detalles gobernaban el mundo de Katarina. “¿A dónde se habían ido? ¿Por qué no me importó?”, pensó para sus adentros.

Después de la tercera cita, Antoine había dicho que la llamaría. Lo había hecho, justo antes de las flores llegaran. Fue muy extraño para Katarina que lograran tener una tercera cita. Él no era su tipo. Tres pulgadas más bajo que ella, estaba en forma, y era brillante. Tal vez fue su mente lo que lo salvó en esa primera cita. Había sido una cita preparada por la esposa de uno de los socios y Katarina había estado menos que entusiasta en ir. Cuando lo vió, pensó que la noche sería otro desastre. Mientras charlaba sobre trivialidades y trataba de ser amable, Katarina había hecho una pregunta bastante simple sobre los libros y si a él le gustaba leer.

La respuesta fue tan elocuente que la sobresaltó. Fue una chispa, una chispa cegadora además. Cuando el restaurante estaba listo para cerrar, se fueron de la mano y riéndose y antes de que ella se diera cuenta, ya habían tenido una segunda cita. Sus gustos en la literatura eran tan similares que la habían tomado por sorpresa. Su sentido del humor cerró el trato. Katarina recordaba haber pensado que había poco daño en ir a una segunda cita, comería una deliciosa cena y luego ella le podía dar el discurso de “seamos amigos”. Sería un buen amigo, aunque corto.

Una cabeza se asomó y le preguntó si iba a venir a la reunión de las 3:30. Ella se negó, usando su fecha límite como excusa. La tercera foto se sentó frente a ella. Los colores brillantes la hacían feliz, las diferentes formas parecían funcionar bien juntas, y había un toque de color púrpura en el fondo. Parecía que la decisión estaba entre las dos últimas.

La segunda cita fue un almuerzo y luego se dirigieron a un mercado al aire libre. Vistió jeans gastados y una camiseta, una cola de caballo en su cabello y se hizo su poco perceptible rutina de maquillaje habitual. Esto haría que la charla de amigos fuese más fácil. Él había dicho que ella se veía bien. Fue el tono informal en su voz, con un poco de sinceridad en él, lo que hizo que le creyera, aunque ella sabía que no era cierto. Katarina era notable en el análisis crítico de su obra. Ella era menos que notable en su propia imagen corporal. Algunas partes eran demasiado grandes, otras no lo suficientemente grandes, pero ella admitía que tenía buen cabello. Era su mejor característica.

Si su último novio hubiese hecho un comentario diciendo que se veía bien, estando ella vestida como estaba en ese momento, le habría arrancado la cabeza. Tal vez no conocía a Antoine lo suficiente como para hacer este tipo de ataque. El mercado fue muy agradable y cuando lo tomó de la mano, él se volvió hacia ella y sonrió. Habría una tercera cita.

La mañana después de la cuarta cita había sido tan sólo tres días antes. Ella le había preguntado a Antoine, causalmente, mientras él se abotonaba la camisa, “¿Me llamarás más tarde hoy?”.

Él había pensado en ello y se encogió de hombros,“Realmente no podría decir… probablemente no”. Fue refrescantemente honesto y para nada malicioso. Él no había llamado. Ella no había pensado en eso durante todo el día, y cuando él finalmente llamó al día siguiente, ella estaba complacida de que lo hubiese hecho. Hablaron durante más de una hora.

Katarina sabía cuál foto era la mejor. Los diferentes colores y formas y cómo todo trabajaba bien en conjunto habían sido la clave. Lo tranquilo de las salidas con Antoine, la habían convencido. Tomó el teléfono y le dijo al editor que le enviaría el diseño final para cerrar el negocio. La siguiente llamada fue a Antoine. Ella lo invitó a cenar. Él aceptó.