Recuerdo alguna vez haber oído decir que al diseñar un parque, la mejor manera de definir la ruta que seguirían los senderos, era situar a un grupo de personas en el lugar y observar los recorridos que hacían, las pausas de tomaban.

Cuando pienso en la forma de diseñar las ciudades del futuro, siempre viene a mi mente eso que oí alguna vez. Desde mi punto de vista, es la gente, aquellos que serán los habitantes de esas ciudades del futuro, los que tienen las claves para enseñarnos el camino hacia un mejor vivir.

Pienso que, para crear ciudades exitosas, debemos comenzar por analizar lo que tenemos, la forma en la que vivimos, lo que queremos y necesitamos las personas, y evolucionar a partir de allí.

La arquitectura debe ser hecha por el hombre y para el hombre, y no para los arquitectos. Debemos recordar que no todos en el mundo son arquitectos, por lo tanto, no todos tienen la capacidad de visualizar las cosas que no se han creado aún, debido a que no han sido entrenados para eso, a diferencia de nosotros; en consecuencia, no todos van a aceptar fácilmente la idea de sentirse cómodos en un lugar tan diferente al que están acostumbrados a habitar.

Un arquitecto que se enfrenta a la imagen de alguna ciudad del futuro puede pensar que es impactante y emocionante; puede sentirse atraído por ella e impulsado a buscar las formas de hacerla realidad lo antes posible; de vivir el cambio, de experimentar las diferencias.

Propuestas como la presentada por el Proyecto Venus nos apasionan y nos hacen soñar; nos hacen creer que el cambio está cerca.

Pero es precisamente este tipo de cambio el que viene a mi mente cuando escribo acerca de la no capacidad de visualizar y relacionar fácilmente de los no-arquitectos; cambios drásticos que cortan de raíz con lo que tenemos, eliminando ciudades y creando nuevas urbes. Es posible que esa sea la mejor solución para crear un mejor futuro, pero la verdad es que hay mucha gente a la que debemos convencer primero. Y la mejor forma de hacerlo es detectando sus necesidades y diseñando en base a ellas.

Los grandes cambios ya están ocurriendo en algunos países.

Masdar, Abu Dhabi, E.A.U.

Dongtan, China

BedZED, Londres, Inglaterra

Estos son algunos ejemplos que nos muestran que sí se puede hacer, pero hay todavía muchos escépticos.

Para los no arquitectos, o al menos para algunos de ellos, las imágenes que encuentran por internet de esas ciudades del futuro, son una loca fantasía; muchos, incluso pueden llegar a sentir miedo al verlas; miedo al cambio, a lo desconocido. Y, como producto del miedo, aparece el rechazo.

(Creo que esta imagen me asusta incluso a mi)

Es por esta razón que pienso que el cambio debe ser progresivo, al menos en los países más escépticos, pero, por sobre todas las cosas, debe darse pensando en los no arquitectos. Debemos pensar en las mejores formas de llegarles a las personas, de venderles nuestras ideas futuristas que tienen que ser creadas en base a sus propias necesidades para que puedan relacionarse con ellas. Creo que lo más importante, es dar un paso a la vez para no asustar a estos países con una transformación absoluta y de un solo golpe. Los pequeños cambios son más fáciles de asimilar, por lo tanto, es más probable que sean aceptados rápidamente y los veamos hechos realidad a corto plazo, a diferencia de lo que ocurriría con los grandes cambios.

Debemos ver todo el panorama, soñar en grande e ir en búsqueda de ese sueño; y a veces, la mejor manera de hacerlo es realizando pequeños cambios positivos que, progresivamente, se transformen en grandes cambios para el mundo y sus habitantes.

Observemos los recorridos que siguen las personas y cambiemos el mundo un pequeño cambio a la vez…

Versión en inglés publicada en el blog de @Urbanverse http://post.ly/12rA2