No existe “la casa perfecta”, al menos no como una única unidad. Cada cliente tiene necesidades específicas, y lo que es perfecto para unos, puede no ser perfecto para otros. Lo mismo puede decirse de casi cualquier otro tipo de proyecto. Vivimos en un mundo en el que nada es exactamente igual a otra cosa; para resumirlo en una oración: estamos llenos de variedad…

Cuando varios arquitectos realizan propuestas para un mismo proyecto, como ocurre en los concursos de arquitectura o en las asignaciones que todos alguna vez realizamos en la Universidad en nuestro período de estudios, se pueden obtener múltiples versiones del mismo proyecto, muy diferentes entre sí, y que todas ellas (o al menos algunas) funcionen. Un ejemplo más de la variedad con la que convivimos.

Siempre recuerdo que, en mi entrega de tesis, un par de profesores / jurados empezaron a discutir calurosamente en relación a la ubicación de cada una de las partes del programa de mi diseño (una prisión para mujeres embarazadas y/o con hijos http://bit.ly/bXKDlL ): “yo ubicaría las habitaciones abajo y la fábrica arriba”… “yo ubicaría la guardería en el módulo frontal y la recreación en el módulo posterior”… Finalmente, un tercer profesor intervino y dijo: “yo ubicaría lo de arriba abajo y lo de adelante atrás, pero no se trata de lo que haría yo, se trata de lo que hizo ella, y lo que hizo ella, funciona…

Esta última frase es una de esas que quedan por siempre en nuestra memoria y nos ayudan a tener fuerzas en los momentos difíciles que todo profesional tiene alguna vez. Pero ésta en particular, se convirtió en algo mucho más grande y significativo; se convirtió en la razón de mis dudas sobre la forma en la que nos desempeñamos y coexistimos con otros arquitectos. Más que darme confianza en lo que había creado y en mi capacidad como proyectista, me hizo entender la falta de solidaridad que existe en el gremio.

Todo se resume en cuatro palabras: “crítica de la arquitectura”. En mi caso, es inevitable, al escuchar estas palabras, no entenderlas o interpretarlas como algo negativo.

El término crítica puede ser definido comouna formula, una opinión positiva o negativa basándose en la argumentación y el análisis. Esto implica juzgar, valorar, censurar” (R. Eliexer S).

El problema está, en que la mayoría de los arquitectos, parecieran tomar la última frase de esta definición como la correcta al momento de hablar sobre arquitectura. “Juzgar, valorar, censurar”; tres palabras fuertes cargadas de aprobación o desaprobación según el caso.

Quizás la razón por la que somos como somos, tan críticos, es porque parte de nuestro entrenamiento como profesionales implica aprender a ver más allá de lo evidente, a buscar lo que otros no ven, eso entonces nos ha puesto a la defensiva ante los proyectos: “algo debe estar mal, en algo debe haberse equivocado y sé que puedo descubrir qué es”. Y lo peor es que, cuando no logramos encontrar qué “está mal”, entonces decimos “no me gusta”, como si a través del gusto pudiésemos realizar análisis objetivos.

Los arquitectos tenemos la tendencia / inclinación (a veces de forma inconsciente) a analizar los proyectos en base a nuestro propio estilo de diseñar, y muchas veces le damos más importancia a la estética de la que debería tener. Si el edificio es agradable a la vista o no, es algo subjetivo: ¿agradable a la vista de quién? ¿de un crítico en particular? Eso estaría bien como una opinión; todos tenemos derecho a dar nuestra opinión, pero pienso que no debería tener tanto peso al momento de emitir una crítica en relación a una edificación. Con esto no quiero decir que la imagen no sea importante, claro que lo es, pero pienso ésta que debería ser el resultado de un estudio del contexto / entorno / función. Una edificación creada partiendo de este estudio, debería estar en armonía con sus vecinos y, al ser armónica, debería ser agradable a la vista.

Debemos dejar a un lado nuestro ego al momento de analizar un edificio. La crítica no debería ser: “me agrada” o “no me agrada” o peor aún, “yo lo habría hecho de tal o cual manera”, debe ser algo mucho más profundo que eso. Una crítica constructiva debe estar orientada hacia una observación objetiva del proyecto de arquitectura a considerar.

Además, cada persona es un ser único e irrepetible, y si bien teóricamente, un crítico de arquitectura debería analizar el edificio en función a ciertos puntos clave, como lo son funcionalidad, estilo, materiales de construcción empleados, entorno, contexto y estética (insisto, tengo dudas sobre si este último punto debería estar incluido), ¿por qué analizar / criticar la obra de los arquitectos como si todos estuviésemos hechos por un mismo molde? Todos tenemos procesos de diseño únicos y especiales, y así deben ser analizados.

El reto al analizar un edificio podría empezar por “desvestir” al arquitecto tras el edificio, hacernos preguntas básicas: “¿cómo lo hizo?” “¿por qué lo hizo así?”; buscar la lógica detrás de cada proyectista en particular; descubrir qué lo hace diferente e irrepetible, para luego ser capaces de analizar su obra.

Entonces,

¡basta de crítica!, empecemos a analizar.

Y, por sobre todas las cosas,

¡celebremos la variedad!…