Creo que todos hemos pasado por esa etapa en nuestra vida profesional, en la que queremos hacerlo todo e incluso creemos que podemos hacerlo todo; especialmente cuando estábamos recién graduados… sé que yo llegué a sentirme así. Es una etapa de emociones desbordadas que nos nublan la vista y la mente y no nos dejan ver o pensar con claridad.

El tiempo me ha servido para darme cuenta de que el secreto del éxito de un arquitecto y de cualquier profesional en general está en volvernos específicos. Siempre se ha dicho que la mejor forma de acercarnos a la perfección, es a través de la práctica; mientras más veces hacemos algo, mejor nos queda la próxima vez.

Eso es justamente lo que significa el éxito a través de la especificidad. En la medida en la que adquirimos experiencia profesional, realizando proyectos de un mismo tipo, nos perfeccionamos en esa área, lo cual significa que cada vez vamos a crear mejores viviendas,

o museos,

o parques,

y así.

Debemos encontrar nuestro lugar en la profesión, ese lugar que más nos gusta, en el que nos sentimos más cómodos, y que saca lo mejor de nosotros como creativos. Esa es la forma ideal para lograr la creación de mejores ciudades, diseñadas por expertos en lugar de por arquitectos y urbanistas entusiastas.

No me malinterpreten, el entusiasmo es bueno, es muy bueno de hecho, pero debe ir acompañado de conocimientos específicos sobre temas específicos.

Siempre he pensado que los arquitectos que más sobresalen entre el resto, son los que tienen esa capacidad extra de adentrarse en la mente de los clientes y descifrar sus deseos y necesidades ocultas. Pero, para lograr ser los mejores,  no debemos conformarnos sólo con eso; no sólo debemos adentrarnos en la mente de nuestros clientes, también debemos ser capaces de entrar en nuestra propia mente; descubrir lo que nos apasiona y abocarnos en una búsqueda interminable del objeto de nuestra pasión; esto, por supuesto, sin dejarnos engañar por agentes o necesidades externas. Me refiero a esto, porque muchas veces nuestra mente puede jugarnos trucos y, si no estamos atentos, podríamos terminar dedicándonos a un área que quizás sea la más lucrativa, o la que nos brinde más reconocimiento, pero no necesariamente la que más nos apasiona.

Siempre seremos mejores haciendo lo que más felices nos hace, lo que más nos llena como profesionales y personas. Son esos proyectos hechos con placer los que más recordamos con el tiempo, los que primero colocamos en nuestros portafolios y a los que nos referimos cuando nos preguntan qué hacemos.

Sé que la crisis económica nos ha llevado a distanciarnos de esto y a aceptar casi cualquier proyecto que se nos presente o caiga en nuestras manos. Es lógico; en momentos difíciles, hay que resolver sobre la marcha y reinventarnos para subsistir. Pero la crisis económica no va a durar toda la vida; eventualmente, las cosas van a mejorar, y es entonces cuando debemos recordar lo que debemos hacer para destacarnos.

Seamos  específicos…