Instalación de Arne Quinze para el festival Burning Man

Siempre he creído que la arquitectura debe adaptarse al entorno en lugar de imponerse a este, pero si me pidieran diseñar un pabellón, empezaría por buscar la forma de despojarme de todas mis ideas preconcebidas sobre lo que “debe ser”.

La naturaleza temporal de los pabellones, nos permite experimentar con una independencia muy poco frecuente en la arquitectura habitual. Es una experiencia liberadora; una gran oportunidad que se nos brinda a los arquitectos de desprendernos de todas las limitantes impuestas por el entorno, el cliente, el programa… es una especie de experimento que nos permite dar rienda suelta a nuestros pensamientos e ideas, otorgándonos la posibilidad de soñar en grande e incluso ver nuestro sueño hecho realidad. Allí todo se vale; allí podemos hacer lo que no podríamos hacer en cualquier otro tipo de proyecto.

Pabellón de Croacia. Bienal de Venecia 2.010

La arquitectura efímera es el lugar común entre la arquitectura y el arte; es lo más parecido a una escultura que hay. Y, debido a esta similitud, al igual que con las obras de arte, podemos pensar que estas esculturas gigantes son “bonitas” o que no lo son, pero eso realmente no importa; en este caso en particular, la belleza es irrelevante. Sólo importa la capacidad que tenga la edificación de desconectarnos de la realidad; de brindarnos una oportunidad de soñar con un mundo diferente, uno que no tiene que ser mejor o peor, basta con que nos haga pensar de manera distinta.

Pabellón Holanda. MVRDV. Hannover 2.000  /  Pabellón Venezuela. Carlo Scarpa. Bienal de Venecia

Estas son edificaciones como ninguna otra; con más oportunidades de diseño que ninguna, y por lo tanto, no pueden ser analizadas bajo los mismos criterios que la arquitectura normal. Muchas veces he presenciado absurdas críticas (hechas por arquitectos) a estas construcciones, basándose en estándares de belleza irreales. Esto es lo que yo pienso al respecto, primero: “La belleza es subjetiva” y segundo: “¿Si no puedes proponer ideas inesperadas al diseñar un pabellón, entonces cuándo?”

Pabellón de España. Benedetta Tagliabue. Shanghai 2.010  /  Pabellón de Polonia. Shanghai 2.010

El reto de un arquitecto que diseña un pabellón es romper paradigmas, cambiar mentalidades, hacer a la gente volar… En un proyecto de este tipo, incluso los “habitantes temporales” deberían ser capaces de viajar con su imaginación y llegar más lejos de lo que jamás habrían pensado.

Pabellón del Reino Unido. Thomas Heatherwick. Shanghai 2.010

Son esos visitantes, “habitantes temporales”, quienes forman parte del alma de la edificación. En estas construcciones destinadas a desaparecer, la “vida” del edificio, es percibida a través de la participación y la interacción con el público, lo que nos regala a los arquitectos la capacidad de profundizar en múltiples posibilidades apasionantes del diseño.

Instalación de Threshold (Pabellón de Chile. Bienal de Venecia)

Es esta gama de posibilidades la que nos permite crear sin frenos. La función está asociada a las significaciones simbólicas y el concepto del tiempo es el principal (cuando no el único) elemento a considerar; todo lo demás, desde la forma hasta los materiales, es un hermoso experimento.

Pabellón de Serpentine Gallery 2.010. Jean Nouvel

Las exposiciones internacionales de arquitectura, que reúnen a un grupo de países cuyo fin primordial es plasmar, en estas construcciones, la esencia e imagen de sí mismos que quieren brindar al mundo, incitan a los visitantes a descubrir culturas a través de la arquitectura. ¿Qué puede ser mejor para una persona que la oportunidad de viajar y conocer todos (o casi todos) los países del mundo, sin salir de un área restringida? ¿qué mejor forma de volar que ésta?

y ¿qué mejor reto para un arquitecto que el lograr regalarle a las personas la capacidad de volar con la imaginación?

Pabellón de Dinamarca. Shanghai 2.010