Recientemente escribí un artículo sobre “la teoría de la diversión”, una iniciativa de la empresa Volkswagen que plantea la posibilidad de producir cambios positivos de conducta a través de la diversión. Ellos proponen agregar, a objetos cotidianos, un elemento sorpresa, haciendo reaccionar a las personas y sacándolas de su rutina diaria.

Desde mi punto de vista, es un despertar ante los cambios de la humanidad. La rapidez con la que vivimos nos ha convertido en zombis que se mueven, siempre hacia adelante, pero sin detenerse ante los pequeños y hermosos detalles de la vida. Esta iniciativa propone hacer más divertido nuestro día a día, forzándonos a hacer pausas.

Cerré el artículo con una pregunta: ¿por qué no dar un paso adelante en la profesión y hacer divertido el oficio? Esto me dejó pensando en LA pregunta: ¿qué es la arquitectura divertida? Trato de imaginarlo y sólo se me ocurren imágenes un poco bizarras, como los explícitos edificios de los parques temáticos, los cuales siguen un poco (o mucho) el concepto de “arquitectura parlante”. Peor aún, al colocar las palabras “arquitectura divertida” en mi buscador de internet, esperando ser sorprendida por imágenes que me ayudaran en mi cacería de respuestas, sólo logré asustarme con un par de raros edificios.  

Siempre he defendido la arquitectura sin excesos, muy a lo Mies Van der Rohe, sin irme al extremo de muchos arquitectos minimalistas, que a veces se exceden en “la falta de elementos”, pero este tema de “la teoría de la diversión” me produjo un conflicto más grande de lo que me habría gustado.

Cuando pienso en los edificios que más han marcado mi carrera como arquitecto, viene a mi mente el Pabellón de Barcelona de Mies Van der Rohe. Se me ocurren muchísimas palabras para describirlo: sublime, limpio, sencillo, único… podría seguir eternamente, pero nunca sería capaz de decir que es divertido. Y, ahora que lo analizo, eso es un poco triste. ¿Por qué no poder describir la arquitectura como divertida? ¿Por qué no hacer arquitectura divertida? Pero, por sobre todas las cosas ¿Cómo hacer arquitectura divertida? Necesito respuestas…

Sé lo raro que debe ser para las personas que estén leyendo este ensayo en este momento, imaginarme tratando de definir el Pabellón de Mies como divertido. No lo hago; sé que no todos los edificios pueden ser divertidos, así como no todas las personas pueden tener la misma profesión, pero sí creo que debemos darle un poco de chispa a nuestros proyectos, hacerlos brillar un poco más alegrando la vida de quienes estén allí para disfrutarlos.

Quiero ser capaz de dar vida a mis edificios y que esa vida sea transmitida a sus habitantes; quiero sorprender sin asustar; quiero ser capaz de producir sonrisas más no carcajadas; quiero ver mi alegría reflejada en mis creaciones…

Pero, ¿cómo hacer una arquitectura divertida sin romper con el “estilo” arquitectónico que he defendido siempre? Realmente aún no tengo la respuesta, y la duda me ha quitado el sueño.